La vida de una estrella nace cuando una gran cantidad de gas disperso en el espacio, principalmente hidrógeno, se concentra y se aglutina por causa de la
atracción gravitacional entre las partículas. Los átomos de gas de este modo colapsan y entran en continuas colisiones cada vez más frecuentes y rápidas. Este fenómeno genera un incremento progresivo de la temperatura lo que acelera cada vez más los choques, hasta lograr que los átomos, en lugar de rebotar, se funden entre ellos formando helio. La reacción es similar a la de la bomba de hidrógeno. La estrella comienza por lo tanto a brillar. Este proceso dura mucho tiempo y se mantiene por la combustión del hidrógeno. Inicialmente una protoestrella es de color blanco. Luego, a medida que el hidrógeno se consume y se forma helio, la estrella se expande cada vez mas y cambia su color al amarillo o rojo: se convierte en una gigante roja. A veces el proceso de agrandamiento, según la masa inicial puede continuar, generando así una supergigante.
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